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Píntame, Sorolla. Biografía del pintor valenciano

Este pintor valenciano dio color y chispa de memoria a la obra de Blasco Ibáñez. La amistad que los unio a los dos y la forma –metafísica– de como amaban València nos hace imprescindible juntarlos a nuestro viaje. De Ibáñez ya hablaremos. Hoy toca hablar de Sorolla.

Joaquim Sorolla y Bastida nació a Valencia en el año 1863. Quedó huérfano y, pronto, su tío, de oficio cerrajero, lo recogió e intentó darle un futuro. Así, se matriculó en la Escuela Normal de València (dejaremos la broma para otra ocasión) y, más tarde, fue a la Escuela de Menestrales (1877) y a la de Bellas Artes de San Carlos (1879). Se cuenta que su vida fue toda una muestra d’esfuerzo y de voluntad por legar a todas las metas. De esta forma, compaginaba sus estudios artísticos con el trabajo en la serrería de su tutor. Como todo buen artista, aprendió copiando y, con el fin de copiar Velázquez y Ribera en el Museo del Prado viajó a Madrid en 1882.El gran viaje a Roma llegaría dos años más tarde cuando, a cambio de “El crit del Palleter“, la diputación valenciana le dio una pensión. Vivió unos años a la ciudad eterna y, todavía más, unos años cerca de Asís. Casado en 1887, volvería, para quedarse, en Madrid en 1889. En la capital del imperio se decidió a hacer carrera y buscarse clientes. La década de los 90 fue excepcionalmente exitosa puesto que quince premios en Europa y Estados Unidos le reportaron el prestigio necesario y le proporcionaron el empuje para ir a buscar un estilo propio… y la fama. A nivel pictórico podemos señalar que le gustaba la corriente del siglo XVII, mientras que los recargados rococós y los nuevos aires contemporáneos no eran, precisamente, de su devoción. Centrándonos en su pintura, podemos comprobar como se acerca con la técnica a las acuarelas inglesas y a los “Indépendants” impresionistas. Aún así, sus intereses no tienen nada a ver.Con respecto a su relación con nuestra tierra de viaje, Sorolla veraneaba en la Malva-rosa. De sus palabras se desprende una verdadera concepción de la Valencia del diecinueve. Por un lado afirmaba que: “habría hecho su casa en València y no en Madrid si València fuera camino para llegar a algún lugar”. Pero, por otra parte, también confirmaba que: “cuando hablo en castellano, no hago otra cosa que traducir de mi lengua”. Como siempre, dulce bipolaridad valenciana… En 1908, amigo y conocido del norteamericano *Archer M. *Huntington, fundador de la *Hispanic *Society ofoff *America, fue invitado a exponer al otro lado del océano de mediodía y, con una exposición de 365 obras, consiguió un total de 160.000 visitantes. Indudablemente, esta hecho cambió su vida y ya lo dejó hundido en el éxito por siempre jamás. No encuentro mejor final para esta biografía que citar a Josep-Frances Ivars en su artículo sobre Sorolla en la GEC. Así nos define al pintor valenciano: «Vivió para pintar, luchando por triunfar y organizando comercialmente su actividad una vez reconocido: ningún pintor no fue más ajeno que él a cualquier bohemia o irregularidad, tanto a nivel cotidiano como social. Fue pintor de la burguesía y nunca pretendió impugnarla. Sólo sus cuadros de mar denotan una vinculación más nostálgica que crítica a su tierra y un acercamiento más personal que ideológico a Blasco Ibáñez y sus ideas».Y aquí al final, como siempre, Sorolla y Blasco Ibáñez se terminan abrazando.

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